Entrevista · Archivo 2006

Francisco Ramírez

Arquitecto
Jefe Departamento de Proyectos
Facultad de Arquitectura · Universidad del Valle

República Arquitectura · Archivo · Voces del Gremio Cali · 2006

Entrevista

El espacio no es solo geometría. Para Francisco Ramírez, arquitecto y docente de la Universidad del Valle, apropiarse de la ciudad es un acto político, cultural y moral. Una conversación sobre lo que Colombia construye —y lo que aún no sabe construir.

¿Qué es apropiación del espacio?

El tema del espacio es uno y el tema de la apropiación es otro. El espacio se apropia de varias formas: por el uso que se hace de él, un uso que puede inclusive llegar a la sociedad, la tenencia de algo ya sea por compra o incluso robo. La apropiación tiene que ver con el usufructo de un bien o con la tenencia del bien después de un usufructo, el bien del que se habla es el espacio.

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¿Qué es espacio?

Espacio puede tener varias lecturas. Primero, el que se refiere a áreas, que se pueden ver en términos topográficos: la topografía, un predio es un espacio. Segundo, un área puede ser un espacio también entendido como un lugar, como un nicho ambiental, un área específica de una región, de una ciudad —lo que Rene Descartes da como una condición de ubicuidad pero en medio del infinito.

Entonces son tres cosas distintas: el espacio geométrico o abstracto, que tiende a lo inmaterial y no es apropiable; y el locus, el lugar, que es apropiable en condiciones de uso o de tenencia. El lugar es un nicho en el cual la gente se desarrolla como ser humano, determinado por condiciones temporales, culturales, históricas y ambientales. Para hablar del tema de la tenencia sino del usufructo, hay dos tipos: el del goce de los sentidos y el del goce del intelecto.

El lugar es un nicho en el cual la gente se desarrolla como ser humano. La calle y la plaza son los elementos de apropiación por excelencia.

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¿Cómo apropiarse de los espacios?

Con la construcción de lugares produciendo habitáculos privados o colectivos en el cual la gente se sienta cómoda —lugares donde la gente encuentra su lugar, ya sea por confort o por que coincide con sus valores morales, la cultura o sus ideales políticos. La colectividad que tiene una moral de lo público coincide con la moral de lo colectivo, de la importancia del bien común del hombre en comunidad. Es una construcción cultural, inclusive histórica: la calle y la plaza son los elementos por excelencia. Realmente aquí habría que hablar de lugares como la única forma de pasar del espacio abstracto al locus.

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¿Un buen diseño arquitectónico garantiza la apropiación debida de los espacios?

Sí, pero también hay apropiaciones por necesidad en donde la calidad no tiene que ver con la necesidad.

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¿Y en Cali, cuál de las dos es más evidente?

Es más la necesidad. La arquitectura tiene como función social crear espacios dignos para la existencia humana, hacer un escenario en el cual se identifique. La arquitectura no tiene como objetivo la única expresión de los diseñadores. En el arte cada vez pesa menos la realización de la obra, las obsesiones del artista. El arte se juega en otros aspectos de la especificidad individual: tiene que ver más con la capacidad de abrir nuevos mundos, nuevos universos para los participantes, inclusive los hace mucho más activos.

La construcción colectiva de lugares es la que ha asumido esta responsabilidad. Lo que tenemos aquí es un deterioro del espacio público y de lo colectivo, por tanto de sus escenarios.

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Teniendo en cuenta lo anterior, en Cali ¿quién tiene la mayor responsabilidad: los arquitectos, el gobierno o la idiosincrasia caleña para no poder generar una mejor ciudad?

Es que hay muchos responsables. En la arquitectura es importante el cliente, el arquitecto y la construcción —como en las artes escénicas son importantes la obra, el público y el actor. Es importante el programa porque tiene una responsabilidad inherente en la construcción del aspecto material; importantísimo tanto como el papel que juega el arquitecto en la construcción de lo público. El cliente es la sociedad, ¿pero a través de quiénes?, ¿de la organización social?, ¿en dónde está esa organización? ¿Por quién es ejercida?

Pues es el gobierno. Hay una responsabilidad política en la concepción de una mejor ciudad. No es un problema de la idiosincrasia. Entre el terrorismo del bogotano que consideraba a Bogotá una ciudad imposible hace unos años, y el optimismo del bogotano hoy —que se apropiaron de ella porque hubo medios físicos para que lo hicieran— hay una diferencia enorme. No puede haber convivencia ciudadana si no hay un buen andén, si usted tiene que tener los cinco sentidos para no matarse caminando en él.

Lo público es lo que es de todos. Uno no puede disfrutar de lo público porque se lo quitaron —aunque en la tenencia nadie lo tenga titulado, las calles se las raparon.

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¿Ha faltado más compromiso de los arquitectos para generar una política que ayude a apropiarse de la ciudad?

Hay que tener una voluntad de construir ciudad, una voluntad de dignificar a los ciudadanos, de honrarlos, de crear lo público en el sentido estricto. Lo que hay en Cali sobre todo es una precaria cultura de lo público. Los arquitectos, las administraciones municipales deberían funcionar como vectores culturales, como catalizadores. Hay que tener la decisión política por un lado, la cultura proyectual por otro.

La pobreza en la cultura de lo público ha aparecido en los parques de barrio: unos kioscos encerrados con malla, construidos con sus propios dineros, con candado. Terminan desterrando a los niños porque compartimentan el lugar, se convierten en sitios peligrosos. Esa es una perversa apropiación de un bien público con una intervención que no ayuda al parque.

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¿Crees que podría haber un arquitecto como Alcalde de Cali?

Claro que puede haber un arquitecto alcalde de Cali. Pero también puede haber alcaldes que sean los arquitectos de la ciudad —no en condición profesional sino en el sentido de aquel que lidera la construcción de la ciudad. No se necesita un alcalde que tenga la profesión, sino que sea el primero en estar comprometido con la construcción de lo público.

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¿Cuál crees que ha sido tu mayor logro como docente, como profesional en la ciudad?

No sé, yo creo que no he logrado nada... Por eso sigo haciendo, sigo trabajando. Si yo hubiera logrado algo de lo que pienso, ya me podría dedicar a descansar. Parte de mi dedicación a la docencia es por unos ideales por los cuales luchar, conseguir socios —de los jóvenes, gente que lo acompaña a uno en la lucha. La calidad no se ha socializado. Uno no puede considerar como logro haber concientizado a la gente. Crear conciencia no es un logro. Las conquistas tienen que ser efectivas.

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¿Cuál es tu obsesión como arquitecto?

La obsesión es que no tenga que sufrir para ir a mi casa, ni sufrir por mí, ni por otros. Uno padece la ciudad cuando lo que uno tiene es que disfrutarla. Digamos que la obsesión es llegar a mi casa tranquilo habiendo disfrutado de una experiencia gratificante de lugares significativos, de un entorno amable, de unas calidades de confort ambiental en la ciudad, de la sombra de los árboles, garantizar la brisa, poder encontrar gente. En cierta medida ya sea a través de la docencia o a través de las obras, poder producir lugares de calidad. ★

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