Durante décadas, las vías del ferrocarril de occidente dividieron a Cali en dos. Hoy, sobre esa misma franja de tierra abandonada, crece un parque lineal de 17 kilómetros que promete coser la ciudad por dentro. Lo que fue una cicatriz urbana puede convertirse en el sistema de espacio público más importante que Cali haya construido.
La ciudad que el tren dejó atrás
El Ferrocarril del Pacífico atravesó Cali de norte a sur durante gran parte del siglo XX. Cuando el servicio fue cancelado en los años noventa, dejó en su lugar una franja de infraestructura en desuso que durante décadas fue escenario de informalidad, inseguridad y deterioro. Más de 17 kilómetros de tierra que ya no conectaban nada, en el corazón de una ciudad que seguía creciendo a su alrededor.
En 2015, la Alcaldía de Cali convocó un concurso público a través de la Sociedad Colombiana de Arquitectos para diseñar qué hacer con esa franja. El ganador fue la propuesta de OPUS Estudio y Espacio Colectivo Arquitectos: no simplemente un parque sobre el trazado ferroviario, sino un proyecto que se propuso algo más ambicioso — articular los sistemas urbanos de Cali con sus sistemas naturales, de forma que el corredor se convirtiera en la columna vertebral del espacio público de la ciudad.
Más que un parque: una estrategia urbana
Lo que distingue al Corredor Verde de Cali de otras intervenciones similares en América Latina es su escala de pensamiento. El proyecto no asume que la lógica lineal del ferrocarril es la única posible — al contrario, toma esa linealidad como punto de partida para explorar las conexiones transversales que el corredor puede generar con los barrios, los parques, los cuerpos de agua y los cerros que lo rodean.
La propuesta plantea un sistema de espacio público que integra ciclovías, senderos peatonales, plazas de mercado, zonas deportivas, huertos urbanos y jardines. Pero más que los programas, lo que define al proyecto es su ambición ecológica: recomponer una red verde que conecte los cerros tutelares al oriente con el río Cauca al occidente, recuperando corredores ambientales que la urbanización del siglo XX fue borrando sistemáticamente.
En ese sentido, el Corredor Verde no es solo un proyecto de espacio público. Es un argumento sobre el tipo de ciudad que Cali quiere ser: una donde los sistemas naturales y los sistemas urbanos no se oponen, sino que se articulan.
Integrar lo que el crecimiento separó
Uno de los efectos menos visibles del ferrocarril en desuso fue la forma en que actuó como barrera entre comunidades. Barrios del oriente y del occidente de la franja que, pese a ser vecinos en el mapa, no tenían conexiones físicas fluidas entre sí. El corredor propone restaurar esas relaciones transversales no solo con cruces peatonales, sino con equipamientos y programas que activen los bordes del parque en ambas direcciones.
Esto convierte al proyecto en una herramienta de equidad urbana. No está diseñado para un solo tipo de usuario ni para un solo tipo de barrio. Está diseñado para atravesar la desigualdad territorial de Cali en sentido literal — de norte a sur, pasando por condiciones socioeconómicas radicalmente distintas — y ofrecer un espacio público de calidad a lo largo de todo ese recorrido.
Reconocimientos y vigencia
El Corredor Verde sigue siendo hoy uno de los proyectos de espacio público más relevantes que se han propuesto para Cali. Su ejecución avanza por fases, condicionada a los ciclos presupuestales del distrito y a la voluntad política de cada administración. La pregunta que el proyecto deja abierta no es técnica — los planos ya están — sino política: si Cali tiene la voluntad institucional de completar lo que empezó.
Las imágenes, datos técnicos y memoria de proyecto fueron tomados de fuentes públicas. Los textos editoriales son de autoría de República Arquitectura y no representan la posición oficial de los autores del proyecto.