Una semana después del sismo, cuando los equipos técnicos comenzaron a recorrer los barrios de Cali con planillas de evaluación en mano, encontraron algo que no esperaban: edificios estructuralmente intactos, con sus losas y columnas en perfecto estado, pero con las fachadas convertidas en cascadas de ladrillo. No era el sistema portante lo que había fallado. Era la piel.

Era la fachaleta. Ese revestimiento de dos centímetros que durante cuarenta años le dio a Cali la ilusión de ser una ciudad de ladrillo.

La fachaleta sísmica en Colombia no es un problema nuevo, pero el 10 de agosto de 2026 lo volvió urgente. El sismo de magnitud 7.4 con epicentro en el Chocó, que dejó más de 300 muertos y 76.000 viviendas afectadas en el Valle del Cauca, expuso con crudeza una confusión que el gremio arrastra desde hace décadas: la diferencia entre el ladrillo que construye y el ladrillo que decora.

Edificio en Cali con cinta de peligro no pase y fachaleta de ladrillo caída en la acera tras el sismo de agosto 2026

Cali, agosto de 2026. Cinta de peligro demarca la zona bajo un edificio cuya fachaleta de ladrillo colapsó sobre la acera. La estructura portante permanece intacta. © República Arquitectura

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Salmona y su sombra

Para entender la fachaleta hay que entender primero por qué Cali quiso parecerse a Rogelio Salmona. La obra del maestro bogotano convirtió el ladrillo en un argumento arquitectónico de primer orden en Colombia. No era ornamento: era estructura, modulación, clima, identidad. Cada aparejo respondía a una lógica que iba desde la fundación hasta la cubierta.

Lo que ocurrió en las décadas siguientes fue una traducción cultural mal ejecutada. Cali absorbió la estética de Salmona sin absorber su gramática. Adoptó el color terracota, la textura rugosa, la calidez de la superficie, pero los dejó flotando sobre estructuras de concreto que no tenían ninguna relación con ellos. El resultado fue la fachaleta: una lámina de ladrillo de dos centímetros pegada a la fachada como si fuera papel tapiz. Una postal de ladrillo. No ladrillo.

Entre 1985 y 2015, una proporción significativa de los edificios de vivienda que se construyeron en Cali — particularmente en los estratos 3, 4 y 5, en barrios como Ciudad Jardín, Pance, Los Cristales y el corredor de la Avenida Roosevelt — se vistieron de fachaleta. Era económica, era rápida, y hacía que un edificio de bloque se viera como uno de ladrillo. El mercado inmobiliario la validó. Los constructores la normalizaron. Los arquitectos, en muchos casos, la especificaron sin hacer la pregunta que tenían que hacer: ¿qué pasa con esto cuando tiembla?

Lo que la NSR-10 no protegió

La NSR-10 — el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente — es un documento robusto en lo que se refiere a sistemas estructurales: marcos, muros, cimentaciones, conexiones. Pero contiene un vacío significativo que el 10 de agosto hizo visible: sus disposiciones para elementos no estructurales son insuficientes para los revestimientos de fachada.

La norma exige que los elementos no estructurales — tabiques, cielos rasos, instalaciones, fachadas — estén diseñados para resistir las fuerzas sísmicas de inercia que el movimiento les imprime. Pero en la práctica, la fachaleta ha existido en un limbo técnico: no es estructura, así que nadie la calculó como si lo fuera. No tiene los requisitos de anclaje mecánico que tienen los sistemas de fachada ventilada. Y su pega — el mortero de cemento aplicado a mano por un oficial de construcción — fue el único elemento que separó esos dos centímetros de ladrillo del suelo.

"La fachaleta cayó porque nadie calculó lo que le pasaría cuando el edificio se moviera lateralmente. Ese cálculo era obligatorio. Simplemente no se hacía."

Lo que falta en la NSR-10 no es ambiguo: no existe un capítulo específico que regule los sistemas de revestimiento de mampostería no estructural en zonas de amenaza sísmica alta e intermedia. No hay una tabla de anclajes mínimos por peso de pieza, por altura de fachada, ni por aceleración espectral del sitio. La norma supone que el diseñador lo resolverá. Y durante cuarenta años, en la mayoría de los casos, no lo resolvió.

Esta no es una crítica al espíritu de la NSR-10. Es un señalamiento técnico que el gremio tiene la responsabilidad de llevar a la Comisión Asesora Permanente del Reglamento de Construcciones, con datos del 10 de agosto en la mano.

Edificio en Cali con fachaleta completamente desprendida en varios pisos, exponiendo la estructura de concreto tras el sismo de agosto 2026

El caso más revelador del sismo: un edificio de varios pisos con su estructura de concreto completamente intacta, pero con la fachaleta desprendida en toda la fachada. El mortero de pega no resistió las fuerzas de inercia. © República Arquitectura

Una ciudad que se vistió de ladrillo ajeno

El parque habitacional de Cali con fachaleta no tiene un censo oficial — y esa ausencia es en sí misma parte del problema. No sabemos cuántos edificios tienen este revestimiento, ni en qué condiciones, ni a qué altura. Lo que sí sabemos es que la práctica fue ampliamente adoptada en la construcción multifamiliar entre 1985 y 2015, y que no todas las edificaciones están en riesgo crítico: algunas tienen anclajes adecuados, morteros bien aplicados, piezas de mayor espesor. Pero muchas no. Y sin un inventario, nadie puede decir cuántas son "muchas".

Lo que quedó claro la semana del 10 de agosto es que la fachaleta no falla de manera uniforme. Falla donde el mortero estaba mal aplicado, donde la adherencia fue insuficiente por humedad o por una mezcla incorrecta, donde el movimiento lateral acumuló tensiones que el pegante no pudo resistir. En algunos edificios cayeron piezas sueltas. En otros, cayeron paños enteros de varios metros cuadrados.

Las personas que caminaban por las aceras debajo de esas fachadas no tenían manera de saber cuál era cuál.

El referente que no podemos ignorar: FOREC y Armenia 1999

Colombia tiene un antecedente de reconstrucción post-sísmica que marcó un antes y un después en la política de vivienda: el terremoto de Armenia del 25 de enero de 1999. Con 1.185 muertos, 45.000 familias damnificadas y 35.000 viviendas destruidas o con daño severo en el Eje Cafetero, el gobierno creó el FOREC — Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero — como mecanismo extraordinario de gestión.

El FOREC no fue perfecto, pero fue extraordinariamente rápido: en dos años y medio reconstruyó más de 37.000 unidades de vivienda, movilizando organizaciones sociales, constructores privados y entidades públicas bajo una coordinación unificada. Lo que aprendimos de Armenia fue que la reconstrucción de vivienda post-sísmica solo funciona cuando hay un mandato claro, un presupuesto no negociable y una estructura de gestión que no dependa de la burocracia ordinaria.

Ese modelo es hoy el referente obligado para lo que Cali y el Valle del Cauca necesitan construir. El 18 de agosto, CAMACOL Valle convoca una mesa técnica urgente para analizar el impacto del sismo en el parque habitacional regional y proponer lineamientos de intervención. El gremio arquitectónico tiene que estar en esa mesa, no como observador, sino como actor con propuestas concretas.

Una de esas propuestas debería ser un programa de revisión y reforzamiento de fachaletas en edificios de uso público y residencial de alta densidad. No como medida voluntaria. Como requisito.

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La pregunta que el gremio no puede postergar

La fachaleta es un problema técnico. Pero detrás del problema técnico hay una pregunta de fondo que esta semana se volvió imposible de ignorar: ¿cómo permite una ciudad que durante cuarenta años se construya un sistema de revestimiento de fachada sin un protocolo de anclaje, sin inspección técnica de adherencia, sin un criterio mínimo de seguridad para las personas que caminan debajo?

La respuesta no es cómoda para ninguno de los actores de la cadena. No para los diseñadores que especificaron fachaleta sin calcular sus anclajes. No para los constructores que la aplicaron con mortero insuficiente. No para los interventores que firmaron el recibo de obra sin revisar la fachada. Y no para el gremio en su conjunto, que normalizó durante décadas una práctica constructiva que tenía un fallo de diseño sistémico.

El ladrillo de Salmona no cayó porque Salmona entendía lo que hacía. Entendía que el ladrillo no es decoración: es argumento. Es estructura. Es un material que cuando se usa bien, habla. Y cuando se usa mal, guarda silencio hasta que tiembla.

Cali tiene ahora la oportunidad — y la obligación — de reescribir esa traducción. No para copiar mejor a Salmona. Sino para entender, finalmente, por qué él construía como construía.

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★ República Arquitectura · 17 agosto 2026
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Fuentes y referencias

  1. CNN Español. Sismo magnitud 7.4 en Colombia — cobertura en vivo. 10 de agosto de 2026.
  2. El País Cali. «76.000 viviendas afectadas en el Valle del Cauca tras el sismo del 10 de agosto.» El País, 12 de agosto de 2026.
  3. Univision. «Al menos 300 muertos tras sismo en Colombia: desastre nacional declarado.» Univision, 10 de agosto de 2026.
  4. Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica (AIS). NSR-10 — Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente. Bogotá: Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, 2010. Capítulo A.9 — Requisitos de elementos no estructurales.
  5. FOREC — Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero. Informe final de gestión 1999–2002. Bogotá, 2002.
  6. La Patria / Crónica del Quindío. «Lecciones del terremoto de Armenia 1999: 25 años después.» La Patria, enero 2024.
  7. Varini, Claudia. Rogelio Salmona: espacios abiertos / espacios colectivos. Bogotá: Panamericana, 2006.
  8. CAMACOL Valle. Convocatoria Mesa Técnica: «Impacto sísmico en el parque habitacional del Valle del Cauca.» Cali, 18 de agosto de 2026.

* Las cifras de víctimas y daños corresponden a reportes de medios verificados al momento del cierre editorial (17 de agosto de 2026). Los datos sobre daños en fachaleta son estimaciones preliminares de equipos técnicos de evaluación post-sísmica.